Hace un tiempo, en unas vacaciones familiares, de esas de paseo de finca, sancocho y asado, estábamos reunidos varias personas; entre ellas, las mayores de la familia (por así decirlo) mujeres que se formaron en otra época y con otros conceptos… para no hacer largo el tema, una de ella detalló el cuerpo de mi hija e hizo el comentario que tenía “buen cuerpo” y de adulta sería muy bonita… para terminar diciendo que eso “le venía de su familia” porque de mí no… entre líneas me dijo gorda sin decírmelo. En ese momento me quedé sin saber qué decir y lo mejor que se me ocurrió en ese instante fue hacer uso del sarcasmo y medio pronunciar entre dientes: “ya lo sé, perdí mi cintura…” o algo así.
Días después, hablando con
alguien más, me hizo caer en cuenta que fue un error terrible de mi parte
haber permitido un comentario como ese. Le respondí que no supe que decir,
que no quería hacer polémica de unas cuantas palabras; su respuesta fue clara: “así
te de vergüenza, no te calles, es de tu cuerpo del cual están hablando”.
Hoy es mi momento de hacer
polémica (algo exagerado porque llega tarde) del tema. Para empezar, si la
persona que hizo ese comentario de mi hija y de mí, está leyendo este post, debe
saber que me molestó mucho y me hizo daño, porque fue un irrespeto hacía mi
persona. Mi cuerpo es “un buen cuerpo”, produjo a dos seres humanos
a costa de sí mismo y casi a riesgo de morir… eso hacen los “buenos cuerpos”.
Por si fuera poco, mi cuerpo alimento durante dos años a cada uno de mis hijos;
es decir que, a lo largo de cuatro años, con sus respectivos intervalos,
entregué mis nutrientes a dos personitas que dependían de mí para vivir… eso
hacen los “buenos cuerpos”. Y así no hubiera alimentado a mis hijos de la
manera en que lo hice, o de plano no hubiera tenido hijos, mi cuerpo es un
“buen cuerpo” por el simple hecho de estar vivo y permitirme vivir.
No voy a hacer una apología a la
forma de los cuerpos, si son delgados o no. Lo que sí quiero atacar es el
mal hecho de estar hablando de los cuerpos de los demás, sean hombres o mujeres
(porque sí, aquí no se salva nadie de esos comentarios venenosos). Doy por sentado
que todas las personas tienen como mínimo un espejo en sus casas y se ven todos
los días, saben cómo están por fuera y mucho más importante, saben cómo están
por dentro y el por qué de cada kilo de más o de menos… cosa que no se puede
estar publicando todos los días y dando explicaciones a gente que no le importa
o no lo entiende.
Debería ser ley no hablar del
cuerpo de nadie, ni para bien ni para mal. No podemos crear expectativas de
las formas sin saber si son metas reales para todos; lo que quiero decir es que
los estándares de belleza han hecho más daño que beneficio, porque
quienes los cumplen deben mantener una constante lucha para no salir de ahí,
(cada uno sabrá lo que le toca). Mientras que, quienes no cumplimos o alguna
vez lo hicimos, estamos con ese “peso”, nunca mejor dicho, de no cumplir con la
expectativa, y también sabemos por qué no podemos.
Francamente, estoy cansada de
oír opiniones de mi cuerpo… desde que tengo memoria las he escuchado… que
es “bonita”, que le falta esto o aquello, que le sobra aquí o allá… blablablá…
personalmente, considero que no es un elogio decir que una persona es
físicamente bonita, porque el día que ese rasgo cambie, entonces ¿Qué? ¿La
persona deja de ser “bonita”? terrible vivir con esa carga. De mi parte, me
niego a seguir ese esquema y no voy a permitir que mi hija lo siga, porque
no quiero que eso la condicione en su crecimiento y desarrollo.
Me propongo hablar para cortar
con esos comentarios cuando los escuche, sean dirigidos hacia mí u otra
persona, (mucho más si no está presente) todo con el fin de aportar mi granito
de arena en lucha por acabar con esa horrible costumbre de hablar del cuerpo
de otros.
Finalmente, me disculpo
públicamente con quienes me conocen y conozco, si alguna vez hablé o
permití comentarios de este tipo. La primera, mi hija, quien tiene un “buen
cuerpo” porque está viva y me hace feliz. La lista puede seguir, pero una
vez más se lo digo a ella (tú sabes quien eres) la primera persona que me
enseñó a respetar esto y a guardarme este tipo de comentarios basura que hacen
más daño que otra cosa.